Manifiesto 

Jaime Araujo-Frias

Necesitamos pensar. En el Perú, país donde tenemos puesta la vida, es urgente hacerlo. Y pensar supone ver problemas donde otros ven normalidades. Advertir alternativas donde muchos solo ven regularidades. Disentir cuando se nos quiere imponer una verdad. En suma, pensar es investigar. Investigar es buscar otras formar de ver, de comprender y actuar. En un país donde la justicia es vista como obsoleta y los justos se tienen que proteger de la justicia oficial, pensar en el sentido de investigar no es una opción, es una necesidad. Porque la economía, la política o el derecho podrán resolver problemas, es cierto; pero es innegable que no lo pueden hacer sin pensar. Si el pensar está en todo, entonces, todo inicia por el pensar: es la condición de posibilidad a la solución de los problemas.

Hemos decidido iniciar este trabajo de pensamiento no porque sea fácil, sino porque es difícil. Es fácil estar de acuerdo sobre lo jodido que está nuestro país o el mundo. Sin embargo, es difícil desobedecer o contradecir los mandatos e ideas que lo sustentan.   Y pretendemos hacerlo no desde la razón fría e indolente, sino desde la razón sintiente y comprometida con las víctimas de nuestro tiempo: los negados, maltratados y humillados. Porque —como dicen algunos neurocientíficos cognitivos— no hay razón sin emoción. Somos seres emocionales que razonamos. Nuestro pensamiento está motivado por el sentimiento de indignación. Nace de un acto de rebeldía, respetuoso, pero no sometido a lo dado por sabido. Porque creemos que tal vez el único modo de resolver nuestros problemas sea cambiando las ideas con las cuales pretendemos comprenderlos.

Nuestro proyecto tiene un nombre. Se llama “Barro Pensativo”. Barro porque partimos no de la pulcritud y pureza de las teorías, libros o autores; sino desde  el grito de la calle  de quienes no son escuchados; es decir,  desde la militancia con las causas de quienes se resisten a seguir siendo maltratados y humillados por el orden y el saber vigente.  Y Pensativo porque es el modo que tiene el ser humano de crear y darse mundo, de hacer de la tierra un lugar habitable para todos. En fin, la tarea que nos hemos propuesto es difícil, pero inevitable. Es difícil porque pensar es perjudicar las injusticias. Y es inevitable porque como decía el joven Marx: hay que ser muy animal para dar la espalda al sufrimiento humano. Y, en el Perú como en otras partes del mundo las causas del sufrimiento están institucionalizadas. De manera que, como diagnosticó  el autor de la frase “barro pensativo”: ¡Hay, hermanos,  muchísimo que hacer!

 

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