Una democracia secuestrada

Guillermo S. Tapia Churata

 

El pueblo peruano se lamenta y llora, porque está gravemente herida su soberanía. Es claro que los valores han sido sustituidos por malicias. El día de ayer, un hombre fue destituido del cargo presidencial por medio de una herramienta que fue empleada como arma para defender intereses ilegítimos.

 

Sentimos un golpe muy duro al país y quienes lo hicieron son los que, supuestamente, representan la voluntad del pueblo. La vacancia, recurso constitucional extraordinario, ahora se toma como artimaña y se ha utilizado en un caso ordinario, basado en apreciaciones subjetivas, porque se apoyan en hechos no evidenciados.

Democracia significa que el pueblo tiene el poder. Es algo tan básico, que todo niño de escuela lo conoce. En este sistema se debe respetar y no ignorar la postura de los ciudadanos que están en todo su derecho de manifestarse. Ellos han dicho no a la vacancia porque era preferible a tener incertidumbre política.

¿Acaso es por el bien de la población? Por supuesto que no. En medio del horror de la pandemia, el país tiene problemas importantes que resolver, sin embargo el Congreso prefirió vacar a un presidente constitucional, perdiendo el tiempo que debía ser empleado en dar soluciones al pueblo. Pero que ha sido desperdiciado para culpar de inmoralidad a una sola persona y no cuestionarse a ellos mismo.

Hoy cada peruano vive en la incertidumbre, para colmo, ahora debe pensar qué le pasará al país, quizá, recordando aciagos momentos, si volverá o no una hiperinflación o sucederá algo peor.

La manifestación de anoche no fue causada por un líder político, fue el propio Congreso quien lo causó. Ellos han provocado al pueblo. Y hoy salimos de casa pensando ya no solo en si nos contagiaremos de la Covid-19 o no. Hoy empieza  la duda si habrá cambios favorables o desfavorables.

Estamos viviendo una crisis peor que la del año pasado. La pandemia y la negociación política son los males del país, pero la raíz de todo es la mala educación. Ahora notamos las consecuencias del ataque a las instituciones educadoras. La enseñanza y el aprendizaje se verán afectados, pues aquí para conservar el poder hay que idiotizar al pueblo. Esta vez creen que lo hicieron de nuevo, pero no es así.

Lo peor de todo es que tanto ellos como la prensa piensan que no nos hemos dado cuenta, que vivimos sumergidos en la ignorancia y que nos callaremos como antes. ¡No pasará de nuevo! ¡No más! Es momento de actuar, alzar la voz y sacar las plumas para retratar la indignación, pues ellos tienen miedo de las palabras que perdurarán.

Es cierto que la historia juzgará a estas personas, pero también nos juzgará a nosotros si nos quedamos conformes: el mal sólo triunfa cuando los buenos se quedan de brazos cruzados. ¿Qué haremos? ¿Permaneceremos quietos y conformes o lucharemos? Hay que luchar, pues este es nuestro país, nuestra tierra, nuestro camino. No de una élite, no de una minoría, no de una mafia. Nuestro país se fundó en una oligarquía, no permitamos que eso regrese o se convierta en algo peor, por ejemplo, una dictadura.

Recordemos que hubo gobernantes antidemocráticos, que llegaron  al poder político en medio de una crisis, utilizando herramientas constitucionales, porque posiblemente no hay mejor método para tener el poder que apegándose a un recurso constitucional. Solo queda esperar que no sea así, caso contrario es una mala copia, un mamotreto.

Que todos vean que el Perú está indignado, hoy viste oscuro, pero mañana se vestirá de rojo y blanco para exigir su derecho, bajo el principio básico que entiende que un país democrático es aquel en el que el pueblo tiene el poder. Y si el pueblo dice no, es no, si dice sí, es sí.  ¡Que viva la verdadera democracia!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.