Cambiar el pensamiento para transformar la realidad

Ayrton A. Trelles Castro

Generalmente nos vemos impedidos de pensar otra forma de vida cuando problematizamos la realidad. Expresamos lo anterior porque nos hemos acostumbrado a razonar binariamente los asuntos políticos, es decir, nos inclinamos a la izquierda o a la derecha. Pero al hacerlo, muchas veces obviamos al paradigma civilizatorio –las ideas que guían nuestra forma de pensar, de ser, de vivir– sobre el que se erigen las dos concepciones políticas-filosóficas. A continuación, intentaremos acercarnos al problema planteado.

En apariencia pensar binariamente resulta inofensivo. Pero demuestra un tipo de subjetividad, que se traduce en aceptar como normales ideas que suenan muy bien, por ejemplo, éxito, progreso, desarrollo; que no estimulan a ver críticamente la vida. Asociamos aquellas palabras por sí mismas, o sea, con lo que denotan, mas no con lo que se relacionan.  

Resulta interesante detenerse en la siguiente idea normalizada, la cual sostiene que vivimos en competencia y quien gana es el mejor, o sea, el “exitoso”. Ganar o perder, he ahí el dilema. La idea acoplada, sin previa reflexión, se asume. Entonces, resulta que si un sistema político no perdura es porque estaba mal, lo cual puede ser cierto. El esclavismo no ha perdurado, lo mismo con otras formas de producción. No negaremos que es así. Lo que sí se cuestiona es la explicación brindada entorno a la extinción de estos sistemas.

Y tal explicación consiste en decir que ya no existen porque “la historia avanza” y nuestra costumbre es aceptar lo nuevo, porque tiende a ser mejor. Y cuando algo es bueno, entonces es insulso cuestionarlo. Tal propuesta es un error, pues el esclavismo fue superado debido a intensas luchas. De igual forma con el régimen colonial, etcétera. Es decir, los cambios se dan por las tensiones que existen en cada tiempo. No necesariamente porque no eran exitosos o el tiempo los relegó.

Ahora bien, en lo concerniente al socialismo, debemos reparar en ciertas cosas para entender su aparición. El sistema político fue la respuesta al capital. Conocemos las revoluciones inspiradas en este ideal, también sabemos lo que ocurrió después, su declive a partir del desmembramiento de la Unión Soviética. Pero todo lo mencionado, puede ser puesto en tela de juicio. Es más complejo de lo que aparenta. Sobre todo, si aquí se pretende superar el capitalismo y, aún más, si existe quien lo desee hacer.

Hay ideas que podrían llevarnos a cometer errores, pues aplicar algo que no ha sido pensado para la realidad en la que vivimos, sería como tratar de colocarse los zapatos que no nos calzan. En ese sentido, tanto el socialismo de inspiración moderna, como el capitalismo aplicado a nuestro país sin ser parte de la evolución de nuestra realidad, resultan nocivos. Intentaremos acercarnos a una explicación de lo que expresamos.

1. No es posible querer cambiar un sistema, cuando uno mismo encarna todo lo que ha normalizado el sistema. Por eso motivo, debemos comprender que sin modernidad no hay capitalismo. Centrar la crítica a este sistema a partir de los criterios de orientación brindados por la modernidad, enceguecen al “socialista”; porque vinculan la experiencia histórica con una etapa determinada de la vida de la humanidad: la moderna. Considerando la realidad de esta manera, solo puede concebirse la idea de socialismo a partir de la experiencia de este régimen en el siglo XX.  

2. Querer transformar la realidad es criticar los fundamentos que sostienen ese tipo de realidad que se pretende superar. Para lograrlo, hace falta pensar, pero pensar es crear, aunque nada se crea de la nada, humanamente hablando, entonces recurrir a la creación es echar mano de lo que está fuera del proyecto civilizatorio en el cual uno se encuentra. Eso quiere decir reconectarse con la tradición, pero no para regresar al pasado, sino para aprender del pasado y del humanismo de los pueblos no-modernos.

3. Cuando se intenta superar un sistema a partir de lo que el sistema toma como ejemplo, lo único que se hace es darle la razón. El éxito y el progreso son criterios de verdad y de orientación de este sistema, a los cuales debe de ponerse en tela de juicio. Precisamente, la idea de progreso es abandonar todo por algo diferente, o sea, por algo nuevo. En tanto que el éxito, en este horizonte civilizatorio, es entendido como el aumento de las ganancias, a costa de la destrucción del ser humano y de la naturaleza.

4. La crítica de lo que se vive nunca será posible si se piensa criticar desde dentro, es necesario ver al sistema a superarse, desde aquello que es negado por él y este sistema niega la vida, porque no la considera como criterio para medir su éxito, el éxito suyo es el aumento de la tasa de ganancia. Entonces, regir las ideas con estos criterios siempre conducirán al pensamiento a sostener que algo vale porque da más dinero.

La izquierda más visible, en nuestro país, ha devenido acrítica, porque piensa con las ideas de otros, también se presta los sentimientos. Y dado su afán de modernizarse, olvida el pasado. No consideran que transcender el mundo en el que vivimos debe de ser a partir de lo que es negado y ninguneado por el conjunto de teorías que la modernidad considera “valiosas”. Como, por ejemplo, pensar que el éxito del socialismo solo depende de las experiencias del siglo XX, significa que la historia es desechada, considerando el legado cultural como un molde al que no se ajustan.

Con esto damos por sentado una idea que cada vez se ve postergada: el humanismo de nuestros pueblos. Ese humanismo en el Perú, andino-amazónico, en su mayoría, no es moderno. Lo que tienen como matriz, debido a ese factor, es vivir comunitariamente, y no socialmente, porque lo social atomiza al ser humano, lo vuelve individuo y hace que la relación con los otros sea egoísta. Cuando pensamos trascender un mundo individualista, en primer lugar, debería identificarse si hay las condiciones para poder pensar el mundo que se desea, y sí se puede, porque la forma de vida de nuestros pueblos demuestran ser las bases para constituir otra nueva subjetividad.

Volviendo a la cuestión del socialismo, digamos que no ha sido “exitoso”, pero ¿qué pasa con el socialismo que Augusto Salazar Bondy toma de ejemplo? Nuestro gran pensador sostenía que por tradición el Perú es socialista, a tal grado que algunos teóricos y utopistas, por ejemplo T. Moro, Campanela y Bacon, tomaban como fuente de sus elucubraciones las noticias que de nuestro hemisferio les llegaban, “porque miles de años atrás en este territorio había germinado la idea de la comunidad solidaria” (1973, p. 132). Lo que ellos denominaban no-lugar (u-topía), era aquí algo cierto.

Además, nuestro filósofo explica lo curioso que resulta la defensa al capitalismo de parte de las capas reaccionarias del país.  Este sistema no es parte de nuestra tradición, al contrario, es una ruptura con los criterios de vida propios. Resulta curiosa tal defensa, porque son los sectores que más se denominan peruanos, herederos de los criollos independentistas, quienes frente al criterio de desarrollo de las sociedades occidentales demuestran estar de acuerdo. Sin embargo, defienden algo que no se vincula con nuestra historia de forma genuina. Lo mismo podríamos decir a los emancipadores de hoy, a la izquierda que se queda callada cuando le increpan que el socialismo no fue “exitoso”. Solo vincula su lucha con otra forma de ver el mundo, dejando de lado el legado negado y despreciado de nuestros pueblos. Cuya praxis, por así decirlo, es comunitaria, en el día a día, en el trabajo, en el consumo.

Aquí no intentamos dar razones que se basen en el chovinismo o el orgullo nacional. Cuando hablamos de tradición, inmediatamente asociamos lo nuestro con el sentido de orientación no-moderno-capitalista. Intentamos demostrar que esos criterios fueron y son motivo de estudio, así como ocurrió con Morgan, quien señalaba que “incluso en su día, todavía existían comunidades indígenas con este tipo de organización social igualitaria”, tomando de “ejemplo, la Confederación de los iroqueses, una alianza de naciones indígenas de América del Norte: el comunismo primitivo también estuvo presente en el siglo XIX.” (Michel Löwy, 2020, párr. 8). Y esa forma de vida aún continúa siendo parte de la subjetividad de nuestros pueblos. En caso alguien conciba el éxito de una forma de vida en tanto esta continúe vigente, la encontrará en el ejemplo brindado.

Lo que hemos expresado nos deja pensando, y sospechamos que el gran problema es tomarse en serio lo que no resulta nada serio, sobre todo, para quien considera “verdad irrefutable” la subjetividad normalizada, que supuestamente tiene cientificidad. En ese sentido, a) la teoría estándar no es un objeto acabado, tampoco la ciencia positiva, porque no hay manera de llegar a lo absoluto del saber, humanamente hablando; b) resultaría bueno comenzar a sospechar de todo lo que damos por cierto e incuestionable, por ejemplo, la idea de éxito y progreso (lineal); c) poner en cuestión nuestra realidad resulta más difícil de lo que se piensa, pero es imposible cuando no se piensa; d) es necesario desmontar las ideas normalizadas, que constituyen la subjetividad; por tal razón, e) con una subjetividad enajenada no se puede pensar otra realidad posible.  

Referencias bibliográficas

Löwy, M. (2020). “200 años: ¿Por qué estudiar a Engels?”, en Estación Finlandia. https://finlandiaestacion.com/2020/12/29/200-anos-por-que-estudiar-a-engels-por-michel-lowy/

Salazar, B. (1973). Entre Escila y Caribdis. Reflexiones sobre la vida peruana hacia el socialismo peruano. Testimonios. Lima: Instituto Nacional de Cultura.  

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