Cerrar filas: ser consecuentes y conscientes

John Montalvo Romero

Faltan apenas unas horas para las elecciones en el Perú, y en este espacio hemos decidido mostrar una posición clara en relación a los comicios. Esto, debido a que no pretendemos mantener una neutralidad frente a un público que no la tiene, ni brindar una “imparcialidad” que ni los medios de comunicación logran concebir.

En ese sentido, conviene aclarar que nuestro trabajo siempre ha estado enfocado a denunciar las políticas perjudiciales para el hombre, además de ofrecer algunas herramientas que permitan ver la realidad más allá de lo que la vista lo permite, ya que, como lo advierte Maquiavelo, “en general, los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos ven pero pocos comprenden lo que ven”.

Para contextualizar, es justo mencionar que en el Perú se viven momentos difíciles, agobiantes y llenos de incertidumbre. El 2020 será recordado, tal vez, como el año más doloroso en las últimas décadas, pues una pandemia terminó agudizando una crisis arrastrada por mucho tiempo, donde el acceso a una salud y educación de calidad eran apenas ingenuas añoranzas. Las clínicas privadas terminaron mostrando su verdadero rostro, aquel que no se aflige frente al llanto de personas en busca de espacios UCI para familiares enfermos. Conocimos también el rostro de un gobierno indolente, que hacía de la forzada educación a distancia un experimento cuya negatividad en el resultado se sabía con anticipación, pero poco o nada se hizo por intentar revertir tan desastrosa situación. Es así como transcurría el “veinte veinte”, con contagios por doquier y records en muertes a nivel mundial.

Asimismo, en la actual coyuntura, es importante apostar por una izquierda con mayor perspectiva, una izquierda que piense en gobernar y no solo en ganar, una izquierda que evite la dispersión en una posible segunda vuelta, una izquierda que señale al rey desnudo, una izquierda como la que representa Juntos por el Perú, liderada por Verónika Mendoza.

Sin embargo, cuando muchos creían que de peor forma no podíamos llegar al bicentenario, una crisis política nos demostraba que en el Perú todo puede pasar. Congreso y Ejecutivo enfrentados. ¿Los resultados? Todos perjudiciales para la mayoría de la población, pues ya no solo preocupaba la falta trabajo y por ende la ausencia de comida, sino que a esto se agregaba la posibilidad de una vulgar dictadura. Empero, diversos sectores de la sociedad civil pusieron el pecho y –con lamentables perdidas- lograron deshacer las perversas intenciones de algunos políticos.

Asi culminaba un año siniestro, pero, a su vez, daba paso a nuevas expectativas: las elecciones presidenciales. Es en este punto donde haremos mayor hincapié. Estas elecciones son distintas (por no decir cruciales), pues se vienen retos nuevos y complicados en el que se juegan literalmente la vida de las personas. Y para este proceso han aparecido distintas propuestas como la de Rafael López Aliaga, cuyo mayor mérito parece ser repetir insaciablemente que botará a Odebrecht, pero casualmente tiene en sus filas a personajes relacionados a esta empresa corrupta, tremenda incoherencia.

También vemos a un senil Hernando de Soto, que aprovecha los espacios en medios de comunicación para mandarse con grandes desatinos y mostrar su improvisada postulación, pero que la camufla con arengas promineras que permite engañar a algunos incautos. Otra representante de esa derecha rancia es Keiko Fujimori, cuyo papel obstruccionista durante los últimos años ha permitido agravar la inestabilidad del país. Sin duda alguna, estos personajes tienen muchas cosas en común, entre los más preocupante, la profundización de lo más depravado del neoliberalismo.

No obstante, puestos frente a un panorama en el que la extrema derecha tiene posibilidades de ser gobierno, es inevitable plantearse la clásica pregunta “¿Qué hacer?”. El desaparecido Julio Anguita señalaba que en momentos nublados corresponde no conformarse, denunciar, apelar a la ciudadanía y estar permanentemente en lucha, pues “las revoluciones no van a ser, como pensaba el marxismo, momentos de aceleración de la historia, sino momentos donde se deben echar los frenos de emergencia de la historia”. Por tanto, es momento de buscar propuestas coherentes y sensatas para el bienestar del país y, en ese aspecto, la izquierda siempre será una alternativa para cerrar el paso al fascismo y fomentar un cambio en beneficio de las mayorías.

Asimismo, en la actual coyuntura, es importante apostar por una izquierda con mayor perspectiva, una izquierda que piense en gobernar y no solo en ganar, una izquierda que evite la dispersión en una posible segunda vuelta, una izquierda que señale al rey desnudo, una izquierda como la que representa Juntos por el Perú, liderada por Verónika Mendoza. Esta izquierda que, lejos de ser incuestionable, ha logrado dar síntomas de capacidad, además de fomentar un frente antineoliberal esencial para poder lidiar con un congreso sumamente variado. Un proyecto pensado desde la urgencia. La urgencia de cambio.  

En definitiva, instar hacia una candidatura no nos hace caer en una postura fanática, sino, por el contrario, invita a reflexionar sobre una reestructuración de lo que se necesita y hacia dónde se quiere ir. Toca cerrar filas y ser consecuentes, pero siendo conscientes que los balances y criticas serán indispensables superado este proceso, debido a que, al fin y al cabo, es de revolucionarios el optimismo trágico.  

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.