Juan el Bautista (un homenaje póstumo)

Yo tuve un hermano
que iba por [Amerindia]
mientras yo [lo leía].
Lo quise a mi modo,
le tomé su voz
libre como el agua,
caminé de a ratos
cerca de su sombra.
 
-Julio Cortazar

Ayrton A. Trelles Castro

Sobre el Amauta

El profesor Juan Bautista Segales, nació en Bolivia, en el año de 1958, un 27 de diciembre. Su labor intelectual fue fecunda. Bebió de los conocimientos de grandes pensadores, como el filósofo Enrique Dussel, Franz Hinkelammert, Hugo Zemelmman, Zavaleta Mercado, entre otros. Reflexionando constantemente sobre los problemas nuestro-americanos, desde la perspectiva de las víctimas del sistema actual, generando ideas originales. Este homenaje es sólo una parte del sentir y el cariño que a su legado manifestamos, el verdadero será continuar luchando por lo que luchó.

Arroyo de Fuego / Bautismo de fuego

En algún momento de la historia de nuestros pueblos tenía que existir quien hiciera legible el grito de todos los sujetos. La vida y el vaivén de la existencia puso sobre la faz de la tierra a la voz que clamaba en los desiertos de la academia, mientras enfrentaba, con su prédica, a los arrogantes fariseos, mostrando que más allá de sus ojos existía la perspectiva de los negados de nuestro mundo, de aquellos condenados de la tierra. Así es como procedió en vida el maestro Juan Bautista Segales.

Cuando iniciaba el proceso de cambio político en Bolivia, hizo que su fuerza telúrica resonara, elaborando uno de los documentos más importantes de nuestro tiempo, tituló a aquel libro Crítica de la razón boliviana, dejando en claro que después de 500 años volvía a aparecer, con vitalidad fecunda, a reclamar el lugar que le pertenece, el mundo andino-amazónico.

Para el profesor, esta labor no se desliga del espíritu ancestral (ajayu), de la memoria de nuestros antepasados, pues un presente sin pasado es un latente pasado sin futuro.

Cuando Latinoamérica cruzaba la primera década de este siglo y se hacía más notorio que faltaba quien iluminase el camino, el maestro dio a luz, nuevamente, otra reflexión en torno a la herramienta que, probablemente, sea el legado con el que podremos salvar nuestro mundo: el pensamiento. Pero no cualquier pensamiento, sino, un pensar desde Latinoamérica, un pensar desde lo que acontece a la realidad propia, para evaluar y reflexionar aquellos problemas que fácilmente se dejan de lado. Por ese motivo tituló ese documento ¿Qué significa pensar desde América Latina?  Y no vaciló en señalar que mientras siguiéramos colonizados mentalmente, que mientras persistamos en aplicar al pie de la letra meras “recetas”, el porvenir seguirá postergándose, porque no podríamos tenerlo si en caso continuásemos negándonos.

Para el joven Marx, el momento decisivo de su quehacer estuvo ligado a dar el paso que hiciera posible una nueva perspectiva con la que pudiese estudiar su tiempo y transformar su realidad. Ese paso fue atravesar el arroyo de fuego (Feuer: fuego / Bach: arroyo), o sea, pasar por Feuerbach. Las juventudes latinoamericanas tendrán que bautizarse, ya no en un arroyo, sino en la qocha (laguna) donde el maestro será quien los sumerja y calcine el eurocentrismo que muchos seguimos cargando.

Quién hubiera pensado que en el mismo lugar donde el Che unía su cuerpo con la tierra iban a germinar las semillas que regó con su sangre. Bolivia no es el corazón de Latinoamérica, sino su espíritu. No por gusto ahí ya no se divide el pensar ni el sentir, al contrario, ahí se menciona el pensa-siento, o como Galeano lo llamaba, el senti-pensar.

Juan, percibió que, para desarrollar una crítica-crítica, tendría que comenzar por apercibir el clamor de la tierra, como madre, porque un pensamiento que no pretenda guiarse por el criterio de aumentar la vida y el buen vivir, nace muerto y deviene en funcional a la necropolítica, como llama a la política fetichizada el filósofo Achille Mbembe. Para el profesor, esta labor no se desliga del espíritu ancestral (ajayu), de la memoria de nuestros antepasados, pues un presente sin pasado es un latente pasado sin futuro.

De ahí que nuestro maestro viera con esperanza y severidad los intentos por trascender un sistema, cuyas relaciones de dominio y explotación, terminan por socavar al ser humano y a la madre tierra. Esos procesos necesitan tematizar un pensamiento que esté acorde con lo que pretenden superar, en este caso, todas las teorías donde se encubra la realidad de los que hace muchos años, cargan sobre sus hombros, el edificio explotador del mundo actual. Por eso, el maestro, antes de unirse nuevamente a la tierra, pudo dar las pautas necesarias con las cuales las generaciones venideras armarán de forma rigurosa, apasionada y entendible, todo lo que el amor por la humanidad necesita.

¡Jallalla Maestro!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.