¿El racismo, discriminación y terruqueo en defensa de la democracia?

Benjamín Huisa

Hace poco, a cierto periodista del canal televisivo Willax, se le hizo muy creativo salir vestido con un disfraz de rondero intentando ridiculizar, no solo al candidato Pedro Castillo, sino a todo un grupo de personas que a diario se enfrentan a comentarios y actitudes racistas como esas. De ese modo, en el marco de las elecciones generales de este 2021, se ha evidenciado la gran puesta en escena del racismo en medios de comunicación, plataformas comunicativas y redes sociales.

El problema del racismo en el Perú no es reciente, pero al parecer sigue estando vigente y golpea con mucha más fuerza en esta época. Según el Portal del Ministerio de Cultura “el racismo es un fenómeno social que tiene diferentes componentes que se materializa en la exclusión y vulneración de derechos y libertades de las personas.” Así, el racismo se convierte en uno de los problemas principales a los que el Perú se enfrenta, pero que, sin embargo, no es visibilizado.

En el marco de las Elecciones Generales 2021, determinados grupos políticos y sociales han recurrido a la práctica del racismo y discriminación. Así, en las redes sociales se han evidenciado mensajes de odio y clasismo en base a prejuicios y estereotipos sobre la persona del ande. Las redes sociales como Facebook, Instagram, Whatsapp, etc., se han convertido en las trincheras del clasismo con comentarios, publicaciones y fotos que buscan ridiculizar a aquel votante campesino e indígena haciendo burla a su forma de vestir, hablar o a su cultura en general para convertirlo, como decía Alan García, en ciudadanos de segunda categoría.

Beto Ortiz, periodista peruano, utilizando vestimenta andina tradicional para hacer mofa de ésta.

Después de que se anunciara la segunda vuelta entre los candidatos de Perú Libre y Fuerza Popular, las calles de las principales avenidas de Lima amanecieron con carteles        LED que anunciaban una lucha contra el “comunismo”, así comenzó una campaña masiva conocida como “terruqueo”. Se ha comenzado a llamar “terruco” a todo aquel votante que no piense de la manera establecida por las fuerzas políticas de derecha. Incluso se ha comenzado a desacreditar símbolos populares como la canción “Flor de Retama” para asociarla al grupo terrorista Sendero Luminoso. De este modo, el hombre andino viene siendo relegado a la base del estrato social porque no concuerda a las ideas de progreso y desarrollo predominantes. Se asocia al votante andino que vive fuera de Lima como una persona sumergida en la ignorancia y el resentimiento, y bajo ese argumento se intenta desacreditar su opinión. Asimismo, se mantiene la idea del “Perú profundo”, idea que considera que existe un Perú de arriba y un Perú sumergido, los otros peruanos. Esta división entre dos Perú, no solo crea una barrera social, sino que acredita a unos como votantes preparados, educados y moralmente superiores y desacredita a otros.

Así, la supuesta “defensa de la democracia”, invocada por ciertos grupos, realmente utiliza métodos racistas y clasistas para imponer su pensamiento por sobre los que vienen siendo desacreditados por pertenecer al “Perú profundo

La campaña del “terruqueo” ha generado que se intensifique el racismo y discriminación en el país. Esta denominada campaña de “No al comunismo” tiene, incluso, tintes fascistas al exigir la muerte de los representantes de Perú Libre. Así lo declaró Rafael López Aliaga en un mitin donde exigió frente a cientos de personas: “Muerte al comunismo”. Los asistentes le respondieron: “¡Muerte!”. Y azuzó nuevamente: “Muerte a Cerrón y a Castillo”, para recibir otra vez el eco: “¡Muerte!” Así inició su denominada campaña “Salvar la democracia” instando a personas a atacar a otras, así como en su momento lo hizo Sendero Luminoso, utilizando la muerte como recurso político.

Así, la supuesta “defensa de la democracia” invocada por ciertos grupos realmente utiliza métodos racistas y clasistas para imponer su pensamiento por sobre los que vienen siendo desacreditados por pertenecer al “Perú profundo” y ser intelectualmente inferiores por no compartir la misma idea de desarrollo y progreso. Sabemos que este tipo de imposición ideológica respecto al progreso económico, el 2009 acabó con la vida de varios indígenas en el conflicto de Bagua. Llegamos al Bicentenario de la independencia con un país fragmentado por el racismo y clasismo; y ahora también por la campaña del “terruqueo”. Debemos reflexionar sobre la importancia de eliminar las brechas sociales y económicas que impiden que determinados grupos no puedan alcanzar el desarrollo, asimismo reflexionar sobre nuestro papel dentro de la construcción de una sociedad libre de discriminación y racismo.

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