¿Qué podemos hacer?

Ayrton A. Trelles Castro

Ir a la raíz

La vida es una lucha constante, por eso el poeta Bertolt Brecht decía que las personas imprescindibles son las que combaten toda su existencia. La expresión literaria, en algunos casos, suele ser superada por la realidad, y cuando esto sucede la realidad se vuelve poética y lo que sucede parece estar más allá de la compresión inmediata.

En estas circunstancias que nos toca vivir, donde el Perú después de mucho tiempo por fin cuenta con un gobierno distinto y alejado de los anteriores, notamos que está atravesando por la situación más delicada, porque recién inicia y, como sabemos, todo comienzo es difícil y más aún si la pretensión de su política es dar a luz una forma de vida diferente a la que nos ha precedido.

Por ese motivo, el camino para sedimentar sus aspiraciones, es bajarlas a tierra o, mejor dicho, bajo tierra, esto quiere decir, que encuentre la raíz de los problemas peruanos, con el objetivo de ir a los fundamentos que hacen posible la forma de vida actual, que está tan reñida con la vida misma, porque su criterio es el aumento de la tasa de ganancia y no asegurar y perpetuar la existencia.

Es entonces cuando notamos lo que es imprescindible realmente, por ejemplo, considerar la participación del pueblo en el proceso de transformación del país; en tanto que es vital para poder hacer posibles las aspiraciones de todos aquellos seres humanos que ponen sus expectativas sobre el cambio de rumbo que parece asomarse. Porque lo ordinario es dejar las cosas al gobierno y que el gobierno deje las cosas a su antojo, sin embargo, esta disociación perjudicial, ya no es desde hace mucho la alternativa sino el problema.

Se entiende por pueblo muchas cosas, aunque ninguna más verás y profunda que el conjunto de los oprimidos que, al tomar consciencia, buscan ser parte de un nuevo bloque social. Debido a que los cambios no ocurren de la noche a la mañana, es necesario trabajar día y tarde por encontrar la mejor manera de aterrizar las pretensiones y aspiraciones de los que están convencidos que las cosas pueden y deben cambiar hacia mejor.

Decía el barbado profeta alemán, Karl Marx, que ser radical implica ir a la raíz, y sospechamos que ninguna transformación que se precie de serlo va a abandonar esta premisa y menos aún, va a dejar a la deriva todos los ideales que hacen de la propuesta de un mundo más justo, la consigna de aquellos seres humanos comprometidos con la comunidad política.

Sin la fe no se hace nada

Quizá lo que hace falta es la fe, no sólo de los líderes que promocionan el cambio de vida, sino de las personas que necesitan esa transformación, porque, “todas las creaciones humanas nunca son fines en sí mismos, son herramientas  para  resolver  problemas  que  aparecen  en  la  convivencia humana” (Araujo-Frias, 2021, p. 11), de ahí que sostener como fin la revolución o transformación de  una determinada sociedad, en este caso, la peruana, no podemos dejarla como el objetivo, sino como el medio, y este medio tiene que tener una consigna clara: ser el vehículo con el cual pueda existir las posibilidad de sumar al proyecto de cambio a las nuevas generaciones. Y para logarlo es necesario concebir nuevos tipos de conocimientos que tengan como principal resorte la fe en un mundo donde quepan todos los mundos.

Se entiende por pueblo muchas cosas, aunque ninguna más verás y profunda que el conjunto de los oprimidos que, al tomar consciencia, buscan ser parte de un nuevo bloque social.

Pueblo mesiánico en vez de caudillismos

Derribar antiguos esquemas siempre es complicado, porque a través de éstos es como interpretamos la realidad y presuponemos nuestras futuras opiniones sobre lo que acontece. Sin embargo, es importante resaltar que de un tiempo a esta fecha, las transformaciones políticas de nuestra América han dejado de asemejarse a lo que se conoce tradicionalmente como cambios revolucionarios. Debido a que, con el tiempo, los actores y sujetos que buscan remontar los problemas de sus países, están teniendo como protagonistas a las masas, mas no al caudillo iluminado, por eso el reto es saber conjugar las aspiraciones heterogéneas y volverlas un solo puño que derribe los cimientos sobre los que se erige la forma de vida actual.

Concebir una nueva política es subsumir aquellas teorías que beben de la tradición propia y son críticas con las que han precedido y posibilitado la forma de gobernar a la cual, cierta parte de la población, se ha acostumbrado. Tomar consciencia de esta variación es seguirle la huella al tiempo que nos toca vivir, y dejar de lado las ideas que en el pasado cumplieron un rol importante, pero que hoy son necesarias de reestructurar y probar si son resistentes a la herejía, pues, como decía el amauta “la herejía es indispensable para probar la salud del dogma” (Mariátegui, 1980, p. 20).

Referencias bibliográficas

Araujo-Frias, J. (2021). Pensar la Constitución: la reforma inevitable. Disenso. Crítica Y Reflexión Latinoamericana, 4(I), 7-13. Recuperado a partir de https://barropensativo.com/index.php/DISENSO/article/view/89

Mariátegui, J. C. (1980). Defensa del marxismo. Polémica revolucionaria (9 ed.). Amauta.

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