Pensar la corrupción

“Seguimos siendo colonias mentales”

Enrique Dussel

Jaime Araujo-Frias

En el Perú nuestra derrota en la lucha contra la corrupción  se debe, entre otras cosas, a que nuestro pensamiento tiene como síntoma la genuflexión. La cual es consecuencia del colonialismo mental que nos atraviesa. Es una droga que, como cualquier otro narcótico, paraliza. Nos mantiene en estado de somnolencia, inconsciencia y ceguera frente a los problemas que ocurren en nuestras narices. En otras palabras, nos impide quitarnos las gafas de color rosa y abrir los ojos a la luz clara y dura de nuestra realidad.

Nuestros intelectuales de los que se espera que dediquen parte de su tiempo vital a pensar nuestros problemas, no lo hacen. Y si lo hacen —salvo algunas excepciones— parten de marcos teóricos conceptuales en los cuales no están contenidos los problemas de nuestra realidad. Es decir, comprenden nuestra realidad desde marcos teóricos conceptuales que presuponen una visión de país ajeno al nuestro. Lo cual nos sugiere que nuestra derrota en la lucha contra la corrupción política no sólo es en la  práctica, sino también, en la teoría con la cual pretendemos comprenderla para combatirla.

El conocimiento nace de la necesidad de solucionar algún problema de la realidad y vuelve a ella para comprenderla e intentar transformarla.

Pensar es el punto de partida para intentar solucionar cualquier problema. Esto es así porque se necesita pensar para conocer, conocer para comprender y comprender para tomar buenas decisiones y actuar. En la acción se une pensamiento y realidad (Marina, 2021). En suma, el conocimiento sustenta y orienta la práctica. En consecuencia, del conocimiento que se tenga sobre la corrupción política depende, en gran medida, que las medidas de lucha que se adopten sean o no eficaces para combatirla.

El conocimiento está expresado principalmente en conceptos, los mismos que vienen a ser una especie de lentes a través de los cuales se pretende comprender un determinado problema. Algunos neurólogos sugieren que no vemos la realidad con los ojos, sino con el cerebro (Ramachandran, 2012). Vale decir que las lentes a través de las que buscamos comprender el mundo son la teoría que hemos asumido consciente o inconscientemente. Las cuales son el resultado de una actividad de pensamiento desplegada frente a un problema concreto   en un lugar y tiempo.

De manera que si se parte de algún concepto actual de corrupción con la finalidad de investigar si hubo o no corrupción política en la Europa del siglo XV, puede que se concluya que no hubo. Pongamos un ejemplo: actualmente el Banco Mundial (BM) conceptualiza la corrupción como “el uso indebido de servicios públicos para beneficio personal”. Dicho concepto depende de que exista una clara distinción entre la esfera  pública y lo privado. Distinción que recién se empezó a desarrollar en el siglo XVIII. Antes los gobiernos (reyes y príncipes) se consideraban propietarios de los territorios que gobernaban (Fukuyama, 2016). Por lo tanto, desde el concepto de corrupción del BM antes del siglo XVIII todos los gobiernos europeos aparecerán como libres de corrupción.

En fin, lo que queremos decir es que son los problemas de la realidad de cada lugar y tiempo los que nos deben estimular a pensar para producir conocimiento o a recrear lo ya producido. El conocimiento nace de la necesidad de solucionar algún problema de la realidad y vuelve a ella para comprenderla e intentar transformarla. Si no, ¿qué sentido tiene el conocimiento frente a un niño que muere por falta de atención oportuna en un hospital? Si no pensamos la corrupción con la finalidad de producir conocimiento para comprenderla y combatirla, nadie lo va a hacer por nosotros. Si de luchar contra la corrupción se trata, es conveniente seguir el tradicional consejo del autor de El arte de la guerra: conoce a tu enemigo.

Sin embargo, para conocer la corrupción, es necesario comenzar a pensar la corrupción. La razón es la siguiente: no hay conocimiento sin actividad de pensamiento.

Referencias bibliográficas

Fukuyama, F. (2016). Orden y decadencia de la política. Desde la revolución industrial hasta la globalización de la democracia. Barcelona: Deusto.

Marina, J. A. (2021). Biografía de la inhumanidad. Historia de la crueldad, la sinrazón y la sensibilidad humanas. Barcelona: Ariel.

Ramachandran, V.S. (2012). Lo que el cerebro nos dice. Los misterios de la mente humana al descubierto. Barcelona: Paidós.

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