Historias paralelas: el milagro y la tragedia

Luciana Ballenas

La fe de Fernando

Fernando estaba enfermo de cáncer, le habían pronosticado pocos meses de vida, uno de sus amigos, José Tola, le recomendó visitar a una bruja muy conocida de Lima, Hilda era su nombre, una gitana ya anciana. Y él decidió ir, total, enfermo ya estaba y tenía pocos meses de vida, como cuando te proponen comer mucha torta de chocolate a pesar de que puede causarte diabetes, o atreverse a hacer algo que nunca te atreviste por distintos factores.

Antes de conocer a Hilda, él era un tipo aburrido, con una rutina monótona y predecible, lleno de hábitos que conduce la existencia a un punto en que solo eres un robot plagado de rutinas. Esta bruja le daba el toque de fantasía, dicen que cuando vas a morir empiezas a vivir la vida: todos intentarían viajar, ir de crucero, pasar el tiempo con familia. En cambio, Fernando decidió hacer lo que esta bruja le indicaba, pues ella le dijo que se pasara un huevo de gallina todos los días, porque de esa manera se aliviaría poco a poco de sus síntomas. Por lo que él, ni corto ni perezoso hizo lo que le indico, todo al pie de la letra, el resultado que obtuvo de esas sesiones diarias lo dejo consternado, cuando la bruja rompía el dichoso huevo en un vaso de agua se veían cosas irreales, espectros deformes, con diente y de color negro. Fernando se cuestionaba si lo que había visto era real o solo su imaginación, o parte del instinto de aferrarse a la vida, algo que poseemos los seres humanos. Pero, soterradamente, Hilda le estaba haciendo creer eso. Lo que él necesita para seguir vivo, no era otra cosa que una cuota de fantasía.

Hilda era gitana, esa cultura es marginada en nuestra sociedad. Sin embargo, Fernando sabía mucho sobre los gitanos y, en verdad, conocía cosas fascinantes sobre aquel pueblo. Los gitanos suelen ser nómades y se sitúan en distintas partes del mundo. Él decidió viajar con su hija, la travesía duró un mes, el gran interés por la cultura de Hilda le permitió experimentar muchas cosas relacionadas a ellos. Mientras tanto, él siguió haciendo el ritual del huevo diariamente como se lo indicaron, pero, de forma parte, él hacía quimioterapia, pero no la quimio que encalvece, sino, aquella suministrada por pastillas, porque era un tratamiento experimental.  Cuando regresó de su viaje fue a hacerse un chequeo con su médico, le tomaron los exámenes correspondientes para ver el avance de su cáncer, no obstante, se llevaron una gran sorpresa al ver lo que estaba sucediendo, Fernando no presentaba avance y, según las etapas de la enfermedad, ya para ese entonces debería de tener metástasis, pero no fue así, el cáncer no avanzó. Él creyó que su cura fue gracias a Hilda y a las pastillas que tomaba, pero no visitó a Hilda después de su viaje, lo hizo posteriormente.

Cuando vas a morir usualmente todo tu círculo se torna más afectuoso de lo normal, ya sea porque te estiman, por lastima, por interés personal y un sin fin de razones. En su caso no fue la excepción. Su vida empezó a mejorar y lo notaba, física y psicológicamente, era maravilloso e incluso regresó a trabajar nuevamente a la revista en la que estaba, durante esos sucesos conoció a una mujer muy bella con la que se sentía vivo, volvió a sentirse amado. Él estaba, para ese entonces, estaba divorciado, y en la separación cedió casi todo su patrimonio porque pensaba que iba a morir.

Hilda no volvió a ser la misma desde ese entonces y prontamente fallecería. Sin embargo, antes de irse, Fernando se enteró que había vencido al cáncer, sin duda Hilda fue parte del milagro

Durante los siguientes meses visitó a la bruja, se convirtió en una buena amiga para él, cuando la frecuentaba conversaban de infinidad de temas. Pero, a veces las desgracias son inevitables. El hijo de Hilda, junto a su primo, fueron asesinados de manera intencional y todo por disputarse el amor de una mujer. Fernando acudió hacia ella después de enterarse de esa noticia por medio de un periódico, cuando llegó a la casa de su amiga, había muchas mujeres, pero no eran gitanas, se dirigió hacia su habitación, Hilda se encontraba devastada, ya no estaba igual, algo se había apagado en ella.

Son sucesos fortuitos que poco a poco apagan la luz interna, Hilda no volvió a ser la misma desde ese entonces y prontamente fallecería. Sin embargo, antes de irse, Fernando se enteró que había vencido al cáncer, sin duda Hilda fue parte del milagro, en su vida una bruja había hecho que todo mejore, volvió a sentirse vivo, se tiene la creencia de que las brujas son malvada y te dañan, pero él vivió una experiencia inolvidable con Hilda, la bruja que todos necesitamos. Tenemos la necesidad de tener algo ficticio en nuestras vidas, pues ¿quién no? La pregunta es, ¿cómo influye eso en nuestra existencia?

La obsesión de Edmundo

En la vida nos esforzamos mucho por cumplir estándares, ya sean nuestros o impuestos, porque queremos cumplir con lo que esperan de nosotros a lo largo de la vida. Pero, ¿cuál es el precio a pagar?, en la novela Verdadera Tragedia uno de los personajes, Edmundo, nos brinda una enseñanza: cada quien se mata a su manera, unos con drogas, otros con alcohol, otros con un amor, pero el personaje de la novela mencionada, Edmundo, lo hizo escribiendo un libro para ser reconocido. Cuando publicó su primer texto no fue más allá, no obtuvo reconocimiento de nadie. Reflexionemos: esforzarse para sacar una obra adelante y después del gran esfuerzo, continuar siendo un fantasma. De forma personal, sin afán de ofender a nadie –o tal vez sí–, considero que publicar un libro no es para todos, tienes que tener un no sé qué, algo que resalte tu talento y ayude a que se interesen por ti. La segunda obra de Edmundo fue rechazada alrededor de diez veces por el editor, la noticia lo devastó y acabó con él.  

Edmundo corregía su novela todas las noches. Hasta que una de esas tardes lluviosas, de la ciudad más gris del país, él lanzó todas las hojas por el ventanal de la famosa revista Máscaras, sus escritos cayeron en la pista, por las veredas, ver llover papeles era un espectáculo

Cuando pasan cosas como las que le ocurrieron a Edmundo, el ofuscamiento es comprensible. Edmundo corregía su novela todas las noches. Hasta que una de esas tardes lluviosas, de la ciudad más gris del país, él lanzó todas las hojas por el ventanal de la famosa revista Máscaras, sus escritos cayeron en la pista, por las veredas, ver llover papeles era un espectáculo. Lo único por lo que vivía se estaba yendo, el sueño de publicar su libro. Todo se desvaneció en un abrir y cerrar de ojos. Se divorció de su esposa y al poco tiempo falleció, sin más detalles. ¿Tú serías capaz de destruirte por una obsesión?

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