El ataque a la memoria y dignidad, un episodio más del encubrimiento del otro

Armando Trelles Castro

Desde que Latinoamérica ha vuelto a comprometerse con las reivindicaciones sociales, desde que más países han ido teniendo gobiernos de izquierda o con esas inclinaciones, ha vuelto a surgir simbólicamente el tema de la reivindicación de la memoria histórica frente a la invasión europea. Ahora, lo que vemos frente a ese panorama es la crítica visceral de los que consideran que la conquista fue el acto con el que América pudo integrarse a la civilización. 

Resulta curioso que, en este momento, en el que los países que inclinan su política exterior a pronunciarse a favor de estas reivindicaciones simbólicas, como la mencionada, y de esta manera ponen en discusión lo que suele tomarse como dogma, es decir, que con la conquista llegó la civilización; generan una reacción que no creíamos pudiera existir. Quizá los que se oponen a estos actos de memoria utilizan como conducto de su catarsis este tema para que por esta vía puedan descargar todos sus prejuicios contra lo que consideran debería desaparecer: los pueblos originarios.

Esto ocurre precisamente por haber querido creer que América si bien tiene mucha variedad resulta homogénea, porque todos, al fin y al cabo, somos mestizos, esto en sí mismo es una idea contradictoria, como si quisiéramos que exista un círculo cuadrado. Porque en realidad cuando hablan de la identidad asumen que lo heterogéneo se identifique con un punto de vista único. Lo cual también sería contradictorio porque es condicionar otras expresiones a una sola cultura, que, para colmo de males, termina asumiendo como superior los usos y costumbres occidentales.

Sin embargo, lo que ha vuelto a surgir es mostrar esa supuesta superioridad, pero de manera más descarada, como si el sentido de la decencia se hubiera desmadrado cuando los criollos ven perder el gobierno y la representación de los países latinoamericanos frente a los que buscan darle la vuelta a la situación normalizada donde el discurso que encumbra a occidente y su misión “civilizadora” impera. Es así como recurren al apoyo internacional, mostrando la cara eurocéntrica de su forma de ver el mundo, tratando de apoyarse en cualquier crítica cuando personajes de talla mundial, como el papa Francisco, pidió disculpas a los mejicanos por los crímenes que cometió la iglesia en la conquista; de forma instantánea, los eurocéntricos, encontraron respaldo a sus prejuicios con los pronunciamientos de personajes como Aznar o Ayuso. Este es el internacionalismo de la reacción.

Y sucede que esas mismas personas que reivindican a la misión civilizatoria de occidente, y sus actos atroces de conquista, les incomoda ver que la memoria y dignidad perduran siglo tras siglo, captando las consciencias jóvenes y mostrando un nuevo panorama.

Lo que provoca esas reacciones es recordar cosas siniestras como las narradas por la literatura, a la usanza de El retrato de Dorian Gray o de El extraño caso del doctor Jekyll y mister Hyde, donde existe una imagen que se quiere ocultar, pero resulta monstruosa, tan monstruosa que el mismo que la porta se repele, parece que los reivindicadores de la misión civilizatoria occidental-moderna ni se espantan de su propio retrato envilecido, sino se muestran orgullosos.

Desde que Enrique Dussel puso de pie la inversión sobre el tema de la conquista, hasta nuestra fecha queda cada vez más claro que los eurocéntricos no podrán hacer lo mismo con sus propias concepciones, y aceptar que América nunca fue descubierta, sino encubierta, debido a que nuestras formas de vida jamás fueron consideradas como son, sino como los invasores han querido que fusen; por ese motivo el otro son las víctimas que esa forma de pensar han generado. Y sucede que esas mismas personas que reivindican a la misión civilizatoria de occidente, y sus actos atroces de conquista, les incomoda ver que la memoria y la dignidad perduran siglo tras siglo, captando las consciencias jóvenes y mostrando un nuevo panorama.

Y resulta que ese encono contra la memoria histórica y su reivindicación no sólo es un acto abstracto, sino que la memoria es parte constitutiva de los reclamos por una América inclusiva y donde las oportunidades sean para todos, buscando inmiscuir a nuestros pueblos originarios como actores políticos, cuya fuerza creadora pide que lo político se concretice en proyectos apropiados a sus forma de vida y su producción económica comunitaria, cuestión que riñe directamente con el consumismo y destrucción de una lógica económica que se beneficia de la alienación de las personas para perpetuar el capital a costa de lo que le ocurre al planeta. Parafraseando Eduardo Galeano, si la naturaleza fuese banco hace tiempo hubiera sido rescatada.

Ahora resulta que volver los ojos al pasado es un pecado contra la ortodoxia eurocéntrica, porque implica poner en cuestión los cimientos sobre los que erigen sus prejuicios y la noción de civilización que dicen encarnar. Sin embargo, la herejía contra sus concepciones es un hecho que ya no pueden contener. Por aquí y allá las estatuas de los genocidas de América son derrumbadas, a la par que se descubren más hechos atroces que los “conquistadores” cometieron, desde Canadá hasta las zonas más australes de América. De punta a punta, los pueblos responden con algo que no pueden extirparles: la memoria y la reivindicación histórica.

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