Karl Marx: se le puede ignorar, pero no evitar

(…) Mientras exista relaciones de producción económicas cuya producción de riqueza implique la producción de miseria, Marx sigue siendo pertinente, porque su obra permite entender justamente este fenómeno, el de la producción a escala mundial de la miseria (…)”.

Juan Bautista Segales

Ayrton Armando Trelles Castro

atrellesc@unsa.edu.pe

Introducción: el contexto

Marx ha vuelto. Esta frase no tiene nada de gratuita. Como ejemplo tenemos a las diversas actividades que desde la conmemoración de su cumpleaños 200, en 2018, han venido realizándose. Porque el interés por el pensador alemán encaja perfectamente con la búsqueda de respuestas a la crisis que vivimos. Recuerdo las palabras precisas de Francis Wheen (2012) al respecto. Su biógrafo sostenía que, a partir de la gran crisis financiera de 2008 en Estados Unidos, las ediciones de El capital habían quedado agotadas. Desde esas fechas, posteriores al casi olvido de su obra, debido al triunfo del sistema capitalista ante el bloque socialista, la pregunta al respecto emerge: ¿qué nos puede enseñar un pensador que nació hace dos siglos?

El conocido desconocido

La obra de Marx ha sido ampliamente comentada y abunda material para introducirse a su pensamiento. Esa es la ventaja de un pensador como él. Su popularidad, ganada durante el siglo XX , posterior a su muerte, se debe de forma principal a la gran sacudida revolucionaria vivida en ese periodo. Desde entonces hasta la fecha, podría decirse que Marx es alguien del cual toda persona culta sabe. Un pensador alemán, que aplicó la dialéctica hegeliana, escribió una obra, donde pone las bases del socialismo científico, para que el proletariado haga la revolución y no exista el capitalismo. Pero, como diría el genial Terry Pinkard (2002), biógrafo de Hegel, salvo la primera frase lo demás es impreciso.

Es cierto que Marx fue parte de los jóvenes hegelianos. Un grupo de alemanes que continuaron la obra del filósofo. Durante esos años escribió diversas reflexiones, que estarían siendo retocadas por sus nuevas lecturas, de ahí que una de esas fuese clave. En su estudio del posthegeliano, Feuerbach, Marx podría ir más allá de Hegel, porque su mirada estaría más fija en la humanidad, por el amor al ser humano y no sólo en el movimiento de las Ideas.

También sucede que Marx estudió a Hegel, y asimiló su obra, dándole un impulso fuerte a sus nociones filosóficas. Pero, como precisan los estudiosos de la obra hegeliana, la dialéctica no es sólo el movimiento de tesis, antítesis y síntesis. Entraña doctrinas, las cuales son: la doctrina del ser, del concepto y de la esencia. Cada una de ellas encuentra determinaciones, se desdobla, se junta y se vuelve a dividir para seguir el paso al movimiento de la idea, de la forma de razonar, de la manera de pensar lógicamente.

Por otro lado, al autor de El capital, le llevó 10 años escribir su obra. Durante el camino dejaría varios borradores y textos inéditos. Se propuso darle un tratamiento científico a su pensamiento, con lo cual no dejó de hacer filosofía, nos diría Enrique Dussel (2010). Este punto se contrapone mucho al paradigma erigido durante largos años, buscando legitimar el pensamiento del filósofo ante la academia. Pero, como explica el filósofo de la liberación, al comentar su obra, tal cuestión no es así, porque la filosofía atravesaría su pensamiento. De la misma manera opina Michael Heinrich (2008), destacando el énfasis que Marx puso en el subtítulo del capital, cuyo objetivo era la crítica a las categorías de la economía política burguesa.

Como podemos ver, a penas rozamos todo el debate que se centra en el pensamiento de Marx. En el cual historiadores de su obra están bien comprometidos con mostrarnos más partes de las que en un momento se mostraron del filósofo. Contribuyendo a la labor mencionada, tenemos a Marcelo Musto (2015), con su búsqueda minuciosa y arqueológica sobre los escritos juveniles de Marx, como también su última etapa. Respecto a la primera, deja en claro la intención del pensador cuando redactó los famosos Manuscritos económico filosóficos de Paris. Viendo que la polémica sobre el texto estaba en sí enfrentado a dos visiones sobre Marx: el filosófico y el cientificista, que sus seguidores se empeñaban en mostrar. Respecto a su última etapa, con el Marx a puertas de su muerte, Musto (2020) destaca que siguió trabajando, produciendo sendos manuscritos, con los que revisaba, rigurosamente, sus ideas antropológicas del pasado.

De esta manera, observamos el vivo interés entrono a sus escritos. De los cuales en verdad conocemos muy pocos y de forma diseccionada. Para lo cual el proyecto Mega 2 está preparando ediciones de su obra completa. Los tomos son varios, pero la ventaja es que en un futuro pueda accederse a una obra que todos creemos conocer, pero que en realidad está emergiendo. De ahí que este apartado tenga por nombre: el conocido desconocido. Sería bueno, para iniciar, leer las varias biografías que existen sobre la persona que intentó transformar la realidad.

Contra la interpretación determinista e historicista de su obra

Marx está relacionado con el comunismo. El comunismo está relacionado con la dictadura. La dictadura está relacionada con la intolerancia. Marx y el comunismo son sinónimos de intolerancia. Por esa visión, del todo cuestionable, la idea vaga pero arraigada de un pensamiento determinista, exegético y apocalíptico, de la obra suya es tan común. Esto es normal, sucede que más nos guiamos de los prejuicios que por juicios. Y no tiene nada de malo. Lo decía Kant, «pensamientos sin contenidos son vacíos; las intuiciones sin conceptos son ciegas». Los conceptos que desarrolla Marx, confirmarían que el determinismo del que se le acusa no es tal.

El determinismo del que es acusado, se explica de la siguiente manera: el socialismo remplazará al capitalismo. La base económica determina la superestructura. La materia determina el pensamiento. Puede que estas nociones nos ayuden, pero no es lo que se encuentra en su pensamiento. Sino que busca darle vuelta de tuerca a las predominantes teorías que, filosóficas o científicas, terminan afirmando cosas que son criticables. Por ejemplo, en sus escritos de juventud, tenemos el clásico ejemplo, ese que reclama un ateísmo recalcitrante de Marx. “La religión es opio del pueblo”, supuestamente. Aunque siempre se deja de lado todo el párrafo precedente que desemboca en esa conclusión. Si bien los Dioses son creación del ser humano, como afirma, también marca la diferencia con Feuerbach, iniciador de esa idea, y va más allá. Acabados los dioses del cielo, toca continuar la demolición de los dioses de la tierra. Sobre todo, el Dios dinero, que luego vería, ya desarrollando su obra El capital, que es parte de un solo dios, cual trinidad: Mercado, Dinero y Capital.

La visión determinista, tanto de los detractores como exégetas, dificulta el estudio de su obra. En mi supina ingenuidad, comencé a leer El capital, y mientras avanzaba su lectura, cada vez me preguntaba “¿a qué hora me dice lo que debo hacer, ¿quiénes son los malos?” En realidad, esperaba que fuese un programa político, similar a El manifiesto comunista, de donde se recogen la mayoría de prejuicios y de alabanzas entorno a su persona. En realidad, lo deterministas son reduccionistas, porque sacan de ciertos párrafos u obras, lo que en años de arduo estudio el filósofo y economista se dedicó a pensar.

Marx es un gran crítico del capitalismo. A propósito, los filósofos de alguna manera han intentado transformar la realidad. Tenemos a Platón, desarrollando La república, el lugar virtuoso donde la decadencia que vivió ya no estaría. O también a Kant, preocupado por la paz, y adelantándose a lo que hoy es la ONU.

Lo mismo sucede con la idea que se tiene entorno a su persona. Contra el Marx vago, que dejó morir de hambre a sus hijos, están las biografías, donde se ve un infatigable ser humano, con todos sus errores, siendo perseguido, saboteado, calumniado, exiliado, pero al mismo tiempo, organizando a personas con sus mismas condiciones, trabajando con los obreros al dedicarles horas de charlas, redactando artículos y colaboraciones para diversos periódicos. Y en medio de todo, las 12 horas, aproximadamente, que estaba leyendo, investigando, tomando apuntes, en la biblioteca. Algo que no suele hacerse así no más.

El historicismo que se suele hallar en Marx, suele tornarse, por su parte, molestosos para quienes de plano rechazan la historia. Aunque por historicismo se entienden varias cosas. Por ejemplo, revisión histórica de los acontecimientos que acontecen, para poder centrarnos en el presente. Algo similar a lo que Engels hizo cuando desarrolló la historia del socialismo, comenzando por el utópico y llegando al científico. Otros, por su parte, ven en Marx un historicista cuando hablan de su obra El capital. Cosa que desata polémica, porque asocian que el pensador se dedica a describir cómo se “evolucionó” hasta el modo de producción capitalista. Cuestión reñida, y que Michael Heinrich (2008), en una introducción a El capital, desecha, debido a que expone por qué Marx en los primeros 3 capítulos de su obra no habla directamente del capital y sí de la mercancía y el valor. Es decir, que no se ocupa de la historia de la mercancía, ni de los modos de producción precedentes al capitalista, sino del capitalismo.

¿Por qué hay capitalismo y no más bien nada?

Marx es un gran crítico del capitalismo. A propósito, los filósofos de alguna manera han intentado transformar la realidad. Tenemos a Platón, desarrollando La república, el lugar virtuoso donde la decadencia que vivió ya no estaría. O también a Kant, preocupado por la paz, y adelantándose a lo que hoy es la ONU. De tal manera que ya no es tan clara la sentencia suya: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Quizá nadie es nunca el primero en decir o hacer algo, pero hay genuinidad en lo que se hace.

Como crítico del capitalismo, ¿qué crítica? Critica el sistema de categorías de la economía burguesa. Desmontando los presupuestos de los que parte la economía política. En primer, lugar, que seamos individuos per se. Porque en el capitalismo nos atomizamos, pero eso no significa que no seamos parte de un todo. En segundo lugar, que la economía burguesa presupone que lo económico sólo es la relación de intercambio, o como él denomina, la esfera del intercambio. Ahí, en esa superficie, podemos ver que la riqueza de unos y la pobreza de otros, es algo lamentable, pero no evitable. Y más aún, como ahora se sostiene, “el pobre es pobre porque quiere”. Por lo que, reducir al intercambio la economía, nos hace invisibilizar las otras esferas y, sobre todo, el carácter típico del sistema actual, que es el aumento de la taza de ganancia. En castellano: el enriquecimiento por sí mismo. O también denominado: el valor que se valoriza.

Al desmontar los presupuestos de la economía burguesa, puede ver que el sistema actual, no tiene como fin la satisfacción de necesidades, sino dar infinitas vueltas. A eso se refiere con transformar la realidad, yendo a la raíz, no a la superficie. ¿Que la república sea una forma de hacerlo, que la paz perpetua sea una linda propuesta, en qué queda si no se va a la raíz? Y ahí precisamente está la denuncia, en lo que el capital presupone para llegar a ser. En primer lugar, la transformación de la propiedad de la tierra, como diría en los denominados Grundrisse (1970), ya que la trasformación de ésta desliga al ser humano de la comunidad. El capital presupone la cosificación de la naturaleza y, por lo tanto, del ser humano. De tal manera que, el capital, va teniendo como fin el de aumentar la tasa de ganancia y no la satisfacción de las necesidades, en su afán de expansión del valor, va destruyendo sus dos fuentes de vida: al ser humano y la tierra (1973), como diría en El capital.

Conclusión

Los verdaderos maestros-del-pensamiento no aspiran a tener discípulos. Aspiran a formar pensadores. Quien se autodenomine como el que mejor interpreta las doctrinas y por lo tanto tiene la verdad, es sospechoso en ese sentido. Si Marx nos ha dejado algo, son sus categorías, profundas y rigurosas. Enseñan a filosofar con minuciosidad. En ese sentido, no creo que pueda decirse, en caso él sea un buen maestro, que uno es un marxista (mero discípulo-exégeta), sino que la misión sería ir con Marx y más allá de él, es decir, desarrollarlo. Como vemos, su crítica es fundamental 1) porque va a los fundamentos del sistema y, 2) porque desmonta la visión idealizada de las teorías burguesas. ¿Cómo asimilar esa teoría para partir de nuestros problemas, ir desde lo propia hacia lo universal? Ahí está el reto. Y será motivo de una investigación aparte.  

Referencias bibliográficas

Dussel, E. (2010). La producción teórica de Marx. El perro y la rana.

Heinrich, M. (2008). Crítica de la economía política. Una introducción a El capital de Marx. Escolar y Mayo.

Marx, C. (1970). Fundamentos de la crítica de la economía política. (Esbozo de 1857- 1858). Ciencias Sociales del Instituto del libro.

Marx, C. (1973). El capital. Crítica de la economía política. Libro primero. Cartago.

Musto, M. (2020). Karl Marx. EL último viaje del moro. Siglo XXI.

Musto, M. (2015). El Mito Del «Joven Marx» en las Interpretaciones de los Manuscritos Económico-Filosóficos de 1844. https://marcellomusto.org/el-mito-del-joven-marx-en-las-interpretaciones-de-los-manuscritos-economico-filosoficos-de-1844/

Wheen, F. (2012). Karl Marx. Spleen.

Un comentario en «Karl Marx: se le puede ignorar, pero no evitar»

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