Discutir el socialismo

Armando Trelles Castro

atrellesc@unsa.edu.pe

Contexto

El capitalismo no es un problema sino la raíz de los problemas. Quizá el mundo se divide entre quienes quieren su fin y los que se conforman con este sistema. Quienes desean acabar con el capitalismo también tienen diferentes matices, sus tendencias son diversas. Algunos, por ejemplo, sostienen que el sistema está condenado a sucumbir por sus contradicciones internas. Otros prefieren no confiarse y van redactándole el epitafio. Pero ambas posturas suelen simpatizar con el socialismo.

El socialismo tiene una historia larga. Engels (1971), el compañero de Marx, tiene un famoso texto donde sintetiza la historia de los movimientos socialistas, nacidos del inconformismo producido por el capital. Evalúa la historia del socialismo y lo clasifica entre el utópico y el científico. Cabe resaltar que ni Marx ni Engels tuvieron la experiencia de vivir bajo el socialismo. Sólo pudieron experimentar la efímera Comuna de París, que para ellos simbolizó un hito histórico y del cual sacaron ciertas reflexiones.  

Desde el siglo XX tenemos muchos ejemplos respecto al socialismo. Los soviéticos, la República Popular China, Vietnam, Cuba, Corea del Norte, entre otros países, constituyen parte de lo que relacionamos con el socialismo de aquella centuria. En ellos notamos rasgos distintivos. Fueron países atrasados en relación con las pujantes potencias europeas y, en el caso del China, se adiciona su atraso respecto a Japón. Esos países, antes de sus revoluciones, vivieron abusos por parte de esas potencias. Con lo cual, al triunfo de sus movimientos insurgentes, buscaron ponerse al día respecto al desarrollo tecnológico de los países avanzados. Algunos lo lograron.

Queremos ocuparnos de discutir el socialismo. Para eso, haremos un breve recuento y aproximación de lo que significó en el siglo XX. Tomaremos en cuenta la crítica que existe al socialismo, sobre todo la de los detractores. Luego pasaremos a ver a qué nos referimos con socialismo y para qué nos sirve.

Aproximación al socialismo del Siglo XX

El socialismo acompañó a la mayoría de los movimientos revolucionarios del siglo XX. El gran ejemplo lo constituye la primera revolución socialista, que se dio en la Rusia en 1917. La misma que constituiría, años después, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). La revolución rusa tuvo como una de sus metas alcanzar el desarrollo de los países industrializados. Su escasa industrialización fue progresivamente acelerada. Todo esto pasando por enormes dificultades.

Las revoluciones que le siguieron, también buscaron llegar al grado de desarrollo de los países industrializados. De tal manera que echaron mano de la estatización de las industrias y de la propiedad de la tierra. En Latinoamérica, después de la revolución cubana (1959), muchos países quisieron emular su reforma agraria, tan necesaria para poder acabar con la explotación a las masas campesinas. A estos intentos le siguieron duras respuestas. Las dictaduras militares, en suma, frenaron la ola de reformas en nuestro continente.

De ese contexto, en nuestra latitud, surgieron diferentes corrientes de pensamiento político. Se generaron pensamientos filosóficos, teológicos y económicos. Lo que se sostenía, principalmente, era poder encontrar la manera de interpretar la situación que se vivía, no sólo respecto a la explotación y pobreza del continente, sino respecto a la posición latinoamericana frente al capitalismo global. Y los movimientos políticos de esos años eran partidarios de la construcción del socialismo. El ejemplo de esos movimientos nacía de los países que, a través de la lucha armada, llegaron al gobierno e instaurando la denominada “dictadura del proletariado”.

El socialismo, al fin de cuentas, no sólo era el sistema alternativo al capitalismo, sino un credo. La idea de socialismo no podía desligarse de la situación de rivalidad frente a la hegemonía de Estados Unidos, respecto a los países donde su influencia dictaba, en muchos casos, la dirección económica y política. Lo cual le era necesario para resguardar áreas de influencia ante su rival, la URSS, algo que los soviéticos pretendían y también hacían. Por eso, al momento de pensar la alternativa política, no sólo se buscaba el cambio económico, como la industrialización o alejarse de la dependencia, sino que eso podría ser posible si se conquistaba la soberanía política.

Una de las características del socialismo, era pues, la de Estatizar los denominados “medios de producción”. Por medios de producción se entiende a las empresas clave, principalmente de explotación de recursos, como minas o pozos petroleros. Lo mismo respecto a instituciones financieras, como los bancos centrales. La meta era poder industrializarse para evitar la invasión de capitales y la explotación de los recursos naturales, cuyo destino era ser manufacturados por las trasnacionales, para luego ser distribuidos a los mismos países de donde se extraían las materias.

El socialismo, a nuestro parecer, fue la piedra filosofal del siglo XX. En su nombre se hacía eco de las reivindicaciones del conjunto de problemas estructurales de esos años. El socialismo representaba el antimperialismo, el anticapitalismo, la anti-explotación, el reparto equitativo de las riquezas, la descolonización, la reforma agraria, la industrialización, la anti-religiosidad, el fin de la dependencia económica. Incluso, como credo, se daba por sentado que la construcción del socialismo podría hacer nacer al denominado “hombre nuevo”.

¿Socialismo igual a progresismo?

A la concepción reivindicativa de justicia social se la conoce como progresismo. El progresismo se da cuando las acciones económicas y políticas están guiadas por la idea de progreso. ¿De dónde viene la palabra progreso? Es una concepción nacida durante el romanticismo europeo. El ideal de la época era pensar en el futuro como sinónimo de avance histórico. Veían así su época y la vinculación con el pasado medieval, en muchos casos, era dejada de lado.

¿Qué es el progreso? Vendría a ser la idea mediante la cual pensamos que nos encaminamos al futuro al imitar el grado de desarrollo alcanzado por los denominados países avanzados. El lado malo de esta concepción ocurre cuando pensamos que lo nuestro, lo tradicional o propio, es un lastre para el desarrollo, por lo que suele verse menospreciado. Entonces ¿por qué la izquierda se denomina progresistas? Porque el paradigma de las revoluciones socialistas del siglo XX (y de alguna manera, de nuestro siglo) fue, precisamente, llegar al grado de desarrollo de las potencias. Sin embargo, las potencias tuvieron que avasallar países para expoliarlos de sus riquezas, incluyendo, conocimientos y tecnologías.

El socialismo, a nuestro parecer, fue la piedra filosofal del siglo XX. En su nombre se hacía eco de las reivindicaciones del conjunto de problemas estructurales de esos años.

La reacción al capitalismo es el progresismo. Los progresistas no necesariamente son socialistas. El socialismo parase haberse extinguido con la Unión Soviética. Y muchos aceptan ese fatal destino. Por lo que, al ser conscientes de lo ocurrido, no pueden cifrar sus esperanzas en la idea del socialismo. Incluso, después de las críticas a este, y la objeción más fuerte, es decir, la fáctica: el colapso de la URSS, se entiende que muchos lo hayan dejado de lado.

¿Qué se le objeta al socialismo?

La crítica al socialismo lo ha acompañado durante toda su existencia. Marx fue un detractor del socialismo utópico. En su crítica a Proudhom, notamos que ataca la superficialidad de su pensamiento. No significa que el autor de Filosofía de la miseria haya sido un loco soñador. Sino que, al no haber comprendido el funcionamiento del capitalismo, no podía transformarlo. Pensaba, según lo que Marx revisó, que el dinero era el problema, por lo tanto, debía de remplazarse por vales (Marx, 1984). Esos errores en las teorías que se opondrían a la miseria, generada por el capital, no resistían la crítica y no le hacían nada al sistema en su conjunto.  

Sin duda la sospecha al socialismo es de antaño. No se sabe cuándo una posición realmente es crítica hasta que se la evalúa, no a la luz de los mismos simpatizantes, sino a través del ojo de los detractores. Y eso fue lo que hizo Marx. Su estudio de la Economía Política le sirvió para conocer bien la visión del mundo burgués. Y también, entender las categorías que fueron pensadas por sus teóricos al momento de comprender el sistema en el que vivía. Ellos, obviamente, no buscaban transformarlo, conocerlo y aprovechar ese conocimiento para el beneficio del capital. Por eso, Marx sospechaba del denominado socialismo utópico. Por ejemplo, conocemos ahora que parte de los liberales recalcitrantes se formaron con las doctrinas de Saint Simon, entre ellos, Michael Chevalier (Blanco, 2014).

La experiencia del socialismo del siglo XX fue la de estatizar y colectivizar. Por eso, sus detractores se ocuparon en demostrar que la planificación-perfecta era un concepto límite, el cual no podía aplicarse, ya que no habría forma de saber cuánto producir y cómo dosificar toda la producción, porque conocer las necesidades de todo el mundo, era simplemente una labor más que titánica. Fue una buena crítica. Sin embargo, el problema de sus detractores, era defender el sistema capitalista negando la posibilidad del socialismo, sin darse cuenta que la defensa al sistema también caía en otro concepto límite, que es el de la competencia perfecta (Hinkelammert, 1984). Sumado a esto, los presupuestos de los apologistas del capitalismo, es pensar que puede existir equilibrio entre la oferta y la demanda, y que la crisis del capitalismo es externa a este, como dice Michael Heinrich, pensar así es presuponer un capitalismo sin dinero, cosa imposible por la misma estructura del capitalismo.

El estatismo, la planificación-perfecta, el enfoque anti-mercado y anti-competencia del socialismo del siglo XX, ¿verdaderamente podrían haber superado al capitalismo? ¿La diferencia de esa intencionalidad varía respecto al capitalismo? En nombre del bien común, que reivindicaba el socialismo, ¿sólo correspondía a sí mismo? Creo que el discurso es flojo en ese sentido. Y lo demuestra de forma precisa un representante de la escuela austriaca de economía, Von Mises (1968), porque sostiene que la defensa de los intereses privados no es la defensa de apetitos individuales, sino que representa buscar el bien para todos, ya que el aumento de la producción, mediante la propiedad privada, supera a la producción planificada, y el desarrollo material beneficia a más personas que la escasez. Por eso sentencia que el liberalismo y el socialismo no se diferencian por sus fines, sino por la forma en que los buscan conseguir. 

El discurso de Mises, de defender los intereses privados en nombre del interés general, es eco de lo que los clásicos de la economía ya afirmaban. Y eso no es así. El interés privado jamás podrá ponerse en beneficio del colectivo. La acumulación de riquezas no es sinónimo de la prosperidad del país en su conjunto. Porque el capitalismo no tiene como fin a la satisfacción de las necesidades, sino la valorización del valor. En el capitalismo el mercado (una institución muy antigua y no sólo nacida bajo el capitalismo) no es para el ser humano, sino que el ser humano es para el mercado. Nuestra vida está al servicio de un fetiche.

¿El Estado de bienestar es socialismo?

Hay la tendencia a buscar la aplicación de modelos económicos extranjeros para aplicarlos en nuestra realidad. Así también opera el engaño a las personas. Algunos piensan que la tecnología nos elevará al progreso. Otros sostienen que será la educación. Y los más enterados van hacia el paradigma de los países nórdicos. Ven en ellos el éxito de la combinación de lo público y privado. Sus burdos detractores les responden que allá es así porque la gente es diferente. En nuestro país no ocurrirá eso porque no estamos tan “desarrollados”.

Se sabe que ante problemas tratamos de ver muchas posibilidades. De ahí que intentemos relacionar el modelo nórdico con el socialismo. Pero si nos fijamos, estos países en sí son Estados de bienestar. Mucho de su crecimiento económico no ha seguido la secuencia de recetas desarrollistas. Pero sí han privatizado, en muchos casos, sus empresas. Dejando jugosas ganancias a sus gobiernos, porque, a diferencia de las privatizaciones de nuestro país, las empresas no se remataron (Pampillón, 2008). De ahí que, con ese dinero, haya sido posible financiar la capacitación y la empleabilidad de sus ciudadanos. Pero el criterio capitalista sigue intacto. Valorizar al valor es el criterio guía.

Conclusión

No sabemos cómo será el socialismo. Quizá cuando el capitalismo ya no exista, el sistema que le siga no sea necesariamente el socialismo. Esto por dos motivos: 1) porque la crisis del sistema no implica volver mejor a la humanidad, en el siglo XX nació el fascismo, por ejemplo; 2) porque lo que se viva no se parecerá a lo que actualmente se estipula como socialismo. El capitalismo recién se llamó así después de mucho tiempo que surgió. Fue todo un proceso de transformación y de autoconciencia.

¿Cómo poder superar pues la crisis que vivimos? Eso debe investigarse perentoriamente. Pero, por lo tanto, podemos acercarnos a un criterio guía, más de carácter ético que sistémico. Albert Einstein hizo un ensayo sobre el socialismo. Vio que la naturaleza no se puede manipular, pero sí lo cultural. Por eso, los recalcitrantes reaccionarios crean sus pseudoproblemas y afirman que el fantasma del comunismo ha vuelto en forma de cultura. Pero en realidad, es la pretensión de justicia que emana del empirismo de las personas con fuertes pretensiones de justicia social.

Referencias bibliográficas

Blanco, M. (2014). Las tribus liberales. Una deconstrucción de la mitología liberal. Deusto.

Engels, F. (1971). Del socialismo utópico al socialismo científico. Progreso.

Hinkelammert, F. (1984). Crítica de la razón utópica. DEI.

Marx, K.(1984). Miseria de la filosofía. Contestación a Filosofía de la Miseria de Porudhon (José Meza, trad.). Orbis.

Mises, L. (1968). El socialismo. Análisis económico y sociológico. (Luis Montes de Oca, trad.). Unión Editorial.

Pampillón, R.  (2008). El modelo nórdico. Revista de Economía Mundial, (18),155-165. [fecha de Consulta 3 de Junio de 2022]. ISSN: 1576-0162. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=86601813

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